Tradiciones venezolanas

El Entierro de la Sardina

Se conoce como el Entierro de la Sardina a una de las manifestaciones festivas de mayor participación popular en el pueblo de Naiguatá, en el estado La Guaira. Es organizada por una sociedad, «Club Folklórico La Sardina», que desde hace décadas consagra exitosos esfuerzos por mantener vigente la fiesta, que no se restringe al día miércoles, sino que abarca un período anterior al Carnaval, cuando promueve eventos para recolectar fondos destinados a cubrir los gastos principales.

En esta tarea previa se involucra casi toda la comunidad y ha penetrado la propia celebración carnestolenda, pues organizan juegos burlescos, comparsas, elección de una reina bufa, actividades cuyo prestigio ha arropado a los demás actos. El juego de pelota, que sirve a la colecta de fondos, es esperado ansiosamente por los pobladores, y se realizan dramatizaciones y sátiras para la diversión de los concurrentes; el estadio se colma de gente, una prolongada función anticípalas burletas del Carnaval De acuerdo con lo previsto en un programa, el día lunes se hará la coronación de la reina, un hombre vestido de mujer que recorrerá las calles en carroza en compañía de su séquito. El martes saldrá el Paseo de los Cayucos, en las calles se imita a un grupo de pescadores que con sus embarcaciones de cartón recorren la población, y llevan anzuelos con los que ofrecen golosinas a la chiquillería.

El Miércoles de Ceniza es día grande. Desde las primeras horas de la tarde, toda la ciudad cerrará sus establecimientos comerciales y oficinas, pues la población dispondrá su tiempo para asistir a la celebración. Algunos preparan afanosos las andas de la sardina; una estructura de madera adornada con palmas, de la que cuelgan como ofrendas diversos tipos de alimentos: frutos, verduras, casabe, aceite, granos, paquetes de café y harina, mazorcas de maíz; en el centro se coloca la figura de la sardina: un pez hecho con anime o cartón pintado y escarchado.

A una hora todos los personajes comienzan a reunirse en un punto convenido mientras se aguarda que finalice la tarea a cargo de un grupo de mujeres dedicadas a vestir, peinar y maquillar cuidadosamente a las «viudas de la Sardina», vestidas de riguroso luto y que lucirán picarescos detalles en su indumentaria. Aparte se arreglarán los otros personajes que forman parte del cortejo festivo. A eso de las 4 de la tarde, estarán listos para iniciar el recorrido de las principales calles.

Encabezan la pintoresca procesión un sacerdote y un monaguillo burlescos, precediendo las andas, que con aparente solemnidad son conducidas por un compacto grupo seguido por las numerosas viudas, que van provistas de hojas de palma con las que repelen al Diablo y a los numerosos bromistas que se les acercan. Ellas con gritos y ayes de dolor lamentan la muerte de la sardina, ensalzan sus virtudes amatorias, confiesan ante el falso sacerdote pecados referidos a la supuesta relación carnal. Otros pobladores durante el recorrido de la procesión se arrodillan ante el falso sacerdote y piden perdón por sus pecados, éste los perdona y los rocía abundantemente con agua helada que lleva en un balde como si fuese agua bendita. Alguna de las viudas que pretende haber quedado embarazada y en trance de parto, simula dar a luz en plena vía y es socorrida por personajes ataviados como médicos y enfermeras.

Un disfrazado de Diablo, pretende sacar a la Sardina de sus andas y raptarla; un grupo trajeado a semejanza de los cuerpos de seguridad fingirá tratar de conservar el orden, llevar prisioneros, mientras las comparsas que desfilaron en los días de Carnaval se incorporan a esta parada, donde hacen estragos los lanzadores de talco, harina y pinturas, en tanto el conjunto musical va interpretando alegres melodías que son bailadas libremente por la multitud. Al grupo se suman disfrazados de todo tipo; lo cierto es que, a mitad del recorrido, la mayoría de los asistentes lucen blanqueado el pelo por harina o talco, algunos los rostros y el traje pintados.

Entierro de la SardinaEl miércoles, cuando sale el cortejo «fúnebre», las «desconsoladas» viudas y comadres hacen breves y cómicas dramatizaciones, deteniéndose en su recorrido por las calles, simulando desmayos y ataques producidos por el dolor de la pérdida de tan apreciado deudo, reciben la ayuda y consuelo de quienes las acompañan en su duelo. El diablo se esconde y aparece súbitamente en las esquinas con su tridente para acechar al grupo yes repelido por el monaguillo con la cruz.

El conjunto va escoltado por un grupo de músicos durante su recorrido, que corea constantemente este estribillo:

La sardina se murió

Y la llevan a enterrar, ay, ay, ay

No la entierren en la tierra

Sino en el fondo del mar, ja, ja, ja

Como en otros tiempos, la Sardina sigue siendo un alegre motivo para reunir a la población de Naiguatá y pueblos vecinos. Músicos y pobladores se agregan al tragicómico cortejo, hasta arrojarla en el agua. En este momento empieza la llamada «batalla», y comienza el juego con agua, en el que participa todo el grupo.

El recorrido va de la parte baja del pueblo hasta la alta para volver a bajar y dar un paseo por la avenida que bordea el mar, donde al anochecer lanzarán la Sardina ante el clamor y llanto de las viudas y se dará por terminada la ceremonia.

 

Fuente: Atlas de Tradiciones de Venezuela. Caracas Venezuela: Fundación Bigott y El Nacional.