“Desde la Edad Media, la Iglesia había utilizado dos medios de educación religiosa que fijaran su obra de catequesis -los únicos que podían alcanzar proyección en una sociedad en su mayoría analfabeta-: las esculturas, las catedrales, soberbias representaciones cónicas que mostraban los momentos más trascendentes de la vida de Cristo, el misterio mariano o las ejemplares vidas de los santos, fácilmente aprehensibles para el espectador mudo y conmovido, además, por las historias de los predicadores y el teatro religioso que los fieles presenciaban como un acto inherente a su vida cotidiana.
Es importante hacer referencia al teatro ritual y especialmente al de Semana Santa. La dramatización fue un elemento tradicional en la realización de rituales desde remotos tiempos; desde sus comienzos los cristianos explicaban y dramatizaban a los iniciados los misterios de la muerte y resurrección de Cristo, pero fue muy especialmente durante la Edad Media cuando el teatro se usa como medio de adoctrinamiento. En esta época el teatro parte, como anteriormente lo habían hecho el griego y romano, de lo sagrado.
Frapper y Gossart, refiriéndose al teatro ritual en su obra “El Teatro Religioso de la Edad Media”, apuntan lo siguiente: “Toda religión es dramática, puesto que el hombre se juega en ella su destino, tal vez más que ninguna otra, el cristianismo enfatiza ese drama del universo y de la conciencia; la historia de la humanidad es para él una tragedia cuyo desenlace se encuentra en el calvario, el mundo es un teatro con tres decoraciones; el cielo, la tierra y el infierno; la conciencia es el lugar de lucha constantemente renovado entre el hombre viejo, encorvado bajo el peso del pecado original, y el hombre nuevo, regenerado por el bautismo.
La liturgia se adueña de este tema dramático, lo que llevó a escena, lo envolvió con un despliegue de cantos, de costumbres, de gestos rituales que han hecho de sus ceremonias un espectáculo propio para instruir a los fieles, pero también para conmoverlos. Es en la Iglesia donde según palabras de Julien Rende: “La humanidad ha vuelto a encontrar la emoción que ella exige del teatro.
El teatro religioso representó durante muchos siglos lo que podríamos llamar un medio audiovisual – y todos conocemos su efectividad- a través del cual podían ser transmitidos a una población con bajo nivel de instrucción -características de extensas áreas de Europa en el medioevo- los dogmas y misterios de la religión cristiana, mezclados con costumbres, lugares y personajes populares que les eran familiares según la región.
El teatro religioso llegó así a ser tan importante que las piezas dramáticas de tema religioso se representaron en toda Europa, primero dentro de las iglesias, utilizando el altar como escenario y como actores a los propios clérigos. Se introducían en los episodios sacros elementos cómicos y los papeles femeninos eran representados también por los propios clérigos o por escolares varones hasta bien entrado el siglo XV. Estas representaciones provocaron muchos excesos, por lo que fueron prohibidas por el Concilio Toledano en 1506.
Extracto y síntesis de la Revista Bigott #13, editada por Fundación Bigott en el año 1988.










