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Artistas

Vasallos del Sol: Cuando la tradición se proyecta en el escenario

¿Qué ocurre cuando la danza popular, nacida del rito y la comunidad, se encuentra con las luces de un escenario? Esta es la pregunta que, en 1995, guió el camino de Vasallos del Sol, el grupo dirigido por Omar Orozco, que ha logrado un equilibrio único entre la autenticidad de nuestras tradiciones y la necesidad de reinventarlas.

Explorando las tendencias de la danza tradicional a mediados de los 90

En la época en que se escribió este artículo, existían tres grandes caminos que marcaban la forma de proyectar nuestras manifestaciones dancísticas. Por un lado, estaban los cultores, que llevaban la danza directamente desde sus comunidades a cualquier espacio, manteniendo su pureza, aunque a veces descontextualizada del formato del espectáculo. Por otro lado, la tendencia purista intentaba rescatar y replicar el hecho original con fidelidad, lo cual era valioso para la educación, pero carecía del dinamismo para un público que esperaba un show. En el otro extremo, se encontraban los nacionalistas, que estilizaron los bailes hasta el punto de perder su esencia, utilizando pasos del ballet para un espectáculo visualmente atractivo, pero que no reflejaba el carácter auténtico de nuestras danzas.

La propuesta de Vasallos del Sol: Un camino ecléctico

El grupo Vasallos del Sol propuso un enfoque diferente y más arriesgado: el ecléctico. Su filosofía se basó en un principio fundamental: respetar la esencia de la danza mientras se innovaba en su presentación. Para lograrlo, mantenían intactos los Motivos Gestores (MG), es decir, los elementos que le dan sustancia a cada baile, como los pasos y las figuras originales. Sin embargo, se atrevieron a reimaginar los aspectos periféricos del montaje.

En la práctica, esto significó utilizar la tecnología de la época, la iluminación y un vestuario más moderno para crear una experiencia única. Jugaban con la simetría para mantener al espectador enganchado y condensaban danzas largas, como el Tamunangue, para que su riqueza fuera apreciable en un tiempo más corto. El resultado fue una propuesta que no solo entretenía, sino que también educaba, reafirmando la identidad cultural de Venezuela de una forma que resonaba con audiencias de todo el mundo.

Esta visión, aunque escrita hace más de dos décadas, demuestra que la danza popular no tiene por qué quedarse estancada. Es un recordatorio de cómo, a través de la investigación y la creación artística, es posible honrar la tradición y proyectarla hacia el futuro, manteniendo viva la magia de nuestras expresiones.

Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #35, editado por Fundación Bigott en el año 1995.