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Cultura popular

El Encuentro entre lo Popular y lo Elitesco en la Cultura

El ser humano, en su afán por protegerse de la inmensidad de la naturaleza y sus ciclos implacables, crea su propio reino: la cultura. Es en este espacio donde el hombre se nombra a sí mismo, fabrica sus objetos y teje los lenguajes que le otorgan sentido a su existencia. Sin embargo, como bien señala el ensayista Víctor Bravo, esta construcción no es un bloque monolítico; es un territorio atravesado por jerarquías y poderes donde conviven, a veces en tensión y otras en armonía, dos grandes esferas: la cultura popular y la cultura elitesca. Lejos de ser compartimentos estancos, la vitalidad de un pueblo depende de que estas dos aguas fluyan y se mezclen.

La Memoria Colectiva y la Aspiración Universal

Hablar de cultura popular es adentrarse en un terreno difuso que no se deja atrapar por las estadísticas. El «pueblo» no es un número, sino una comunidad de ideales, ritos y costumbres compartidas. Es la esfera de la oralidad y la memoria, donde la tradición se manifiesta en la tensión entre lo sagrado y lo festivo, entre el rezo y el carnaval. En las décimas, los corridos o la pintura ingenua, lo popular no solo celebra la vida, sino que a menudo despliega una aguda conciencia crítica a través del humor.

Por otro lado, la cultura elitesca —a menudo malinterpretada solo como exclusión burguesa— responde a una estrategia de formación y acceso al saber formal. Es la búsqueda de los universales, la racionalidad y el refinamiento técnico. Pero una cultura nacional no elige una sobre la otra; las necesita a ambas. Alemania, por ejemplo, se explica tanto por la universalidad letrada de Goethe como por los cuentos populares recopilados por los hermanos Grimm.

La Novela como Punto de Encuentro

La gran lección de la modernidad es que estas fronteras tienden a desdibujarse. La riqueza cultural de una nación se mide por la fluidez de sus «vasos comunicantes», esos canales donde lo culto y lo popular se interpenetran. La literatura, y específicamente la novela, ha sido el escenario privilegiado de este mestizaje. Desde Cervantes hasta la narrativa latinoamericana contemporánea, los grandes autores han sabido elevar lo popular a la categoría de arte universal.

Vemos cómo Juan Rulfo y Carlos Fuentes integran las raíces mexicanas; cómo José María Arguedas y Miguel Ángel Asturias incorporan la cosmovisión indígena; o cómo Guimarães Rosa hace literatura mayor con el habla del Sertón brasileño. Incluso en obras de una complejidad hermética como Paradiso de José Lezama Lima, se respira la cultura del tabaco y el azúcar. En un mundo que tiende a la uniformidad globalizadora, solo esta interpenetración creadora entre la raíz popular y la elaboración intelectual garantiza que los pueblos mantengan su rostro y su gravedad en el horizonte de la historia.

Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #28, editado por Fundación Bigott en el año 1993.