En Venezuela, la memoria musical se sostiene con un enorme vigor a través de la tradición oral, revelando una riqueza de géneros y una capacidad improvisadora asombrosa. En este torrente creativo, el maestro Fulgencio Aquino (1915-1994), arpista mirandino, representa la cúspide del arte popular, un genio que forjó su estilo personal en la más rancia tradición del golpe tuyero o joropo central.
La Revuelta Tuyera: Una Suite de Maestría
La Revuelta tuyera es una de las piezas fundamentales del repertorio central venezolano. Consiste en una suite de danzas encadenadas sin interrupción, formando una secuencia que crece en intensidad hacia el final. La pieza integra el pasaje, el yaguazo, la guabina y la marisela (una sección instrumental para el gran solo del arpista), cerrando con una copla filosófica o jocosa. La habilidad de Aquino era magistral al encadenar estas partes y alargar la «cabuya» de la música, improvisando para complacer a los zapateadores y llevando la pieza a extremos de virtuosismo.
Un Virtuoso Autodidacta
Aquino fue un músico de abolengo —su padre y hermano fueron grandes golpistas— que se forjó a sí mismo. Aprendió a tocar el arpa antes que a leer y escribir, y no solo tocaba, sino que era el luthier de sus propios instrumentos, desde la nave hasta las cuerdas de cuero de venado. Esta disciplina rigurosa le permitió desarrollar una limpieza y claridad excepcionales, llevando el folklore mirandino a grados de perfección comparables a los grandes clavecinistas del Barroco. Su extensa obra, gran parte producto de la memoria, se cree que superó las mil piezas.
El Arpa Mirandina: Tímbrica Única
El arpa tuyera se diferencia de la llanera por su caja de resonancia más ancha, mayor número de cuerdas y, crucialmente, por tener las cuerdas agudas (tiples) de acero, lo que le otorga una sonoridad inconfundible, remitiendo al timbre del clavecín. Las cuerdas graves (bordones) eran de cuero de venado. Esta combinación permitía a Aquino generar dos ámbitos sonoros tan diferentes en un solo instrumento que, junto a las maracas, simulaba el efecto de un trío. Los arpistas, como Aquino, distinguen una variedad insospechada de toques, con nombres descriptivos como trancao, tamboreao y piloniao.
El Misterio de la Inspiración
La relación de Aquino con la música era profundamente espiritual. Dedicado por completo al arpa, componía con tal amor que llegaba a olvidar incluso el comer. Reveló que algunas de sus piezas nacieron de sueños, como su composición 24 de diciembre, la cual le fue revelada por un señor vestido de liquiliqui. Esta conexión mística y la infatigable memoria de Aquino, que actuaba como un «mapa de música» en su cabeza, evidencian un potencial creativo que trasciende la simple ejecución. Su legado, conservado en viejas grabaciones y la tradición oral, es un tesoro de refinamiento artístico.
Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #47, editado por Fundación Bigott en el año 1998.










