El estudio y conocimiento de las lenguas indígenas venezolanas constituye una importante vía para la comprensión del proceso histórico de nuestro país, así como para la definición adecuada de nuestra identidad nacional. El substrato cultural indígena es la base sobre la cual se constituyó, por aportaciones sucesivas, la nación venezolana actual. Y la lengua representa la síntesis de la experiencia cultural de todo grupo humano, además de ser el vehículo fundamental de su transmisión. De allí se desprende la trascendencia del tema estudiado.
Por otra parte, las lenguas indígenas no son solamente vestigios de un pasado ya absorbido por la evolución sociocultural. Muy por el contrario, forman parte de un presente vivo, existen en número y variedad notable, y siguen siendo utilizadas como medio de expresión por excelencia de una gama de poblaciones autóctonas, muchas de las cuales han entrado últimamente en un proceso renovado de crecimiento demográfico y de estabilización política, económica y jurídica.
Hoy en día las lenguas indígenas de Venezuela -al igual que las de los restantes países de América- están alcanzando el rango de lenguas escritas, literarias, dueñas de un acervo de publicaciones en constante incremento. En otras palabras, empiezan a ocupar el sitial que desde siempre les correspondía, y que la historia hasta fecha muy reciente les negaba obstinadamente. Como bien se sabe, hasta bastante entrado el siglo xx, tanto las lenguas indígenas como los pueblos que las hablaban no constituían, en el mejor de los casos, más que un objeto de curiosidad, para satisfacer el gusto por lo “exótico” de ciertos científicos, escritores y viajeros. Fue necesaria toda una revolución en el pensamiento, todo un vuelco en la actitud filosófica de base de los sectores avanzados y autocríticos de la sociedad occidental, para aceptar y respetar plenamente los pueblos autóctonos y todas sus manifestaciones socioculturales.
A lo anterior se ha unido una creciente toma de conciencia de las sociedades no occidentales a nivel mundial, las cuales defienden hoy en día más que nunca su derecho a seguir siendo ellas mismas y a decidir su propio destino, aprovechando al mismo tiempo todo lo que la ciencia, la técnica y el pensamiento humanístico de Occidente les puede aportar de útil y beneficioso.
Es en esta perspectiva de renovación radical que hay que plantearse toda la problemática de las lenguas indígenas venezolanas, si se quiere comprender y apreciar su verdadero significado. Se trata, por una parte, de un acto de justicia elemental para con un conjunto de pueblos secularmente perseguidos y discriminados. Pero, por otra parte, esa actitud positiva revierte de una manera beneficiosa sobre el país en su conjunto, porque apreciar y defender lo indígena equivale a fortalecer las bases mismas de nuestra identidad venezolana, en cuya conformación la matriz societaria indígena jugó un papel determinante.
La población indígena, aun cuando constituye el estrato demográfico más antiguo de Venezuela y de todo el continente americano, no es en última instancia autóctona de América. Las investigaciones arqueológicas, paleontológicas y antropológicas han ahondado en esta problemática, y los diversos autores coinciden en señalar que la población del Nuevo Continente llegó en oleadas sucesivas desde el continente asiático, a través del estrecho de Behring y las islas del Pacífico. En cuanto a la época probable de llegada de los primeros contingentes, las evidencias arqueológicas han demostrado que es mucho más antigua de lo que tradicionalmente se suponía, y se remonta a no menos de 30.000 a 40.000 años, es decir, a mucho antes del Neolítico y de la última glaciación. La importancia de este hecho para la lingüística consiste en que explica la enorme variedad y diversidad de las lenguas que se hablan en nuestro continente. Todos los investigadores especializados concuerdan en que el mapa lingüístico de América es el más complejo y rico del mundo entero. Abarca más de 1.500 lenguas pertenecientes a cerca de un centenar de familias diferentes. Venezuela no es tampoco, desde luego, una excepción a este panorama de extrema riqueza y diversificación lingüísticas.
Texto extraído del Manual de Lenguas Indígenas, editado por Fundación Bigott en el año 1999.










