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Tradiciones venezolanas

Pastores y Promesas: La Danza Ritual del Niño Jesús en El Limón

En las poblaciones centrales de Venezuela, específicamente entre Aragua y Carabobo, diciembre se viste de cintas de papel y suena al golpe de gajillos. En localidades como El Limón, Aguas Calientes y San Joaquín, la devoción se manifiesta en el Velorio del Niño Jesús o Danza de los Pastores. Esta tradición, sostenida por sociedades y cofradías que hunden sus raíces en la época colonial e incluso en la España medieval, es una muestra vibrante de organización comunitaria y fervor religioso, donde la fe se baila y se canta para cumplir promesas y fortalecer la identidad local.

El Cuadro de Pastores: Una Coreografía de Fe

La ceremonia es una secuencia ritual compleja que inicia con la procesión y el traslado de la imagen del Niño. Una vez frente al altar, los pastores ejecutan figuras coreográficas guiadas por señales precisas: La Cruz, El Arco, La S, El Caracol y El Remolino. El ritmo lo marca el golpe seco de los gajillos —varas de madera adornadas con chapas y cascabeles— contra el suelo, mientras se entonan versos que transitan de lo profano a lo divino. La celebración culmina con el «Entregue» u ofrenda, y finalmente los Aguinaldos, donde la danza cesa para dar paso al canto devocional frente al pesebre.

Jerarquía y Simbolismo: Del Cachero al Titirijí

El cortejo posee una jerarquía visual fascinante. Al frente va el Cachero, guía de la danza, portando una cornamenta que utiliza para indicar los cambios en el baile y mantener el orden. Le siguen los Pastores y las Pastorcillas (originalmente interpretadas por hombres vestidos de mujer), ataviados con sombreros de cogollo forrados y sayas de tiras de papel colorido. Rompiendo la solemnidad aparece el Titirijí o «Gavilán», un personaje jocoso cubierto de motas de algodón o papel picado, que con su pandereta y bromas representa el contrapunto lúdico, molestando al Cachero y divirtiendo a los presentes.

Una Herencia de la Hacienda

La tradición en El Limón no es solo un acto religioso, sino un archivo vivo de la historia social de la región. Según testimonios de viejos cultores como los hermanos Martínez, esta danza llegó desde Aguas Calientes a principios del siglo XX, en tiempos de las grandes haciendas cañeras y el gomecismo. Lo que comenzó como una celebración de peones y trabajadores, caracterizada por una disciplina férrea —donde los retrasos en los ensayos se pagaban con multas—, evolucionó gracias a la Sociedad Benéfica del Santo Niño Jesús (fundada en 1937). Hoy, el Velorio del Niño Jesús sigue siendo un tesoro de refinamiento popular, donde la comunidad reafirma su pacto de fe ante la imagen del Niño.

Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #16, editado por Fundación Bigott en el año 1989.