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Patrimonio cultural

El Letrado y el Pueblo en la Literatura Venezolana

By 06/03/2026marzo 11th, 2026No Comments

Desde la fundación de la República, la literatura venezolana ha sido el escenario de una tensión silenciosa pero definitoria: la relación entre el letrado —el intelectual, la élite que escribe— y lo popular —la masa, el «otro»—. Tal como analiza Javier Lasarte Valcárcel, la imagen del pueblo en nuestras letras no ha sido un retrato fiel, sino una construcción cambiante, una «escenificación esquizoide» que ha oscilado entre el miedo, la necesidad política y la nostalgia, dependiendo siempre del lugar que el escritor ocupaba frente al poder.

Del Miedo Fundacional a la Pedagogía

En los albores de la independencia, figuras como Simón Bolívar y Cecilio Acosta se enfrentaron a una paradoja: necesitaban al «pueblo» como concepto para legitimar la nueva Nación, pero temían a la masa real. En discursos como el de Angostura, se traza una línea clara entre un «nosotros» (los guías, los letrados) y un «ellos» (una masa vista como ignorante y potencialmente peligrosa). Durante gran parte del siglo XIX, la literatura y el pensamiento político funcionaron como mecanismos de defensa; la educación, promovida por Bello, no era solo un derecho, sino una herramienta urgente para domesticar esa «barbarie» y convertir a la multitud en ciudadanos obedientes.

La Metamorfosis del Bandido

A medida que el país dejaba atrás las guerras civiles, la literatura comenzó a darle rostro a esa amenaza anónima, y la figura del bandido se convirtió en el gran termómetro de este cambio. En la novela Zárate (1882) de Eduardo Blanco, el bandido aún es ambiguo: representa el salvajismo que atenta contra el orden, pero fascina al autor por su vitalidad. Sin embargo, con el paso al siglo XX y la modernización, la mirada se suaviza. Autores como Urbaneja Achelpohl en Ovejón transforman al criminal en una suerte de héroe simpático y solidario. Más tarde, con José Rafael Pocaterra, ocurre un giro definitivo: el escritor, desplazado del poder político por dictaduras como la de Gómez, deja de temer al marginal y comienza a identificarse con él, viendo en el rebelde a su propio «doble» frente a la oligarquía.

Civilización, Nostalgia y Nuevos Relatos

La llegada de la modernidad en los años veinte y treinta detonó respuestas diversas ante lo popular. Mientras Rómulo Gallegos apostaba por el mestizaje cultural —donde la fuerza bruta del pueblo debía ser encauzada por la educación urbana—, Teresa de la Parra miraba hacia atrás, rescatando en Memorias de Mamá Blanca una imagen idílica y servicial del pueblo, parte de una arcadia perdida. Otros, como Enrique Bernardo Núñez, intentaron romper la barrera y comprender la cosmovisión mágica desde adentro. Finalmente, la literatura contemporánea ha cambiado el escenario, pero no la búsqueda: de la nostalgia rural de Ramón Palomares a la narrativa urbana de Luis Britto García, el escritor venezolano sigue intentando descifrar, entre la fascinación y la distancia, el enigma del otro.

Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #28, editado por Fundación Bigott en el año 1993.