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Tradiciones venezolanas

El Ritmo que Llegó con el Oro: La Historia del Calypso en El Callao

Al sur de Venezuela, donde la selva se encuentra con la leyenda del oro, floreció una manifestación musical que, aunque canta en inglés, francés y patois, es profundamente venezolana. El Calypso no nació en nuestras tierras, sino que viajó a través del Caribe, desembarcando en el estado Bolívar junto a miles de inmigrantes antillanos. Es una historia de mestizaje sonoro, donde el golpe de los tambores de mina se fundió con las nostalgias de la libertad y la dureza del trabajo, creando una identidad única que hoy retumba en los carnavales de El Callao.

De las Cannes Brûlées al Yuruari

El origen de esta tradición se remonta a las Antillas Menores —Trinidad, Grenada, Martinica, Dominica— y a la celebración de las cannes brûlées (cañas quemadas). Esta festividad conmemoraba la emancipación de la esclavitud, recordando la quema de los campos de caña al finalizar la cosecha. Cuando se descubrieron las ricas vetas auríferas en la cuenca del río Yuruari a mediados del siglo XIX, una oleada de inmigrantes antillanos trajo consigo sus costumbres, sus lenguas y, sobre todo, sus ritmos. Así, lo que comenzó como cantos de faena y duelo (kalindas) en las islas, encontró un nuevo hogar en las minas venezolanas.

El Misterio de «Le Kaisó»

La etimología del Calypso es tan fascinante como su ritmo. Según los relatos, el término podría derivar del apodo de un gran solista e improvisador llamado Surisima, a quien apodaban «Le Kaisó» (por Kaiser o Emperador). De allí, la palabra se transformó en carisó o carieto, término con el que se conoció en Venezuela hasta mediados del siglo XX, cuando se adoptó definitivamente el nombre «calypso». Estos cantos eran liderados por un chantuelle (solista), quien narraba sucesos cotidianos, penas y alegrías, acompañado por un coro y una percusión polirrítmica contagiosa.

Personajes de una Comparsa Centenaria

El Calypso de El Callao se distingue de su par trinitario por un rasgo esencial: el «rucaneo», una cadencia particular en el baile y la ejecución que le otorga su sello venezolano. Esta música da vida a personajes icónicos que desfilan en carnaval:

  • Las Madamas: Con sus trajes y turbantes coloridos, herencia de la moda de Martinica y Dominica, son las matriarcas de la fiesta.
  • Los Diablos: Armados con látigos o mandadores, simbolizan el orden y el castigo, recordando las disciplinas de la época colonial.
  • Los Mediopinto: Personajes pintados de negro (y a veces de colores) que deambulan exigiendo un «peaje» o donación a los transeúntes.

Una Leyenda Dorada

Se cuenta que el nombre del pueblo, El Callao, proviene de un buscador de oro que, al encontrar una veta rica, se mantuvo en silencio para explotarla solo. Al ser descubierto, confesó que estaba «callaíto». Más allá de la anécdota, El Callao se convirtió en un crisol donde hindúes, chinos, antillanos y criollos fundieron sus culturas. Hoy, esa herencia se mantiene viva gracias a las comparsas que, cantando en una mezcla de lenguas, celebran la memoria de aquellos que cruzaron el mar buscando oro y sembraron música.

Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #39, editado por Fundación Bigott en el año 1996.