Skip to main content
Patrimonio cultural

Boconó: El Jardín Donde Conviven los Santos y los Momoyes

By 27/02/2026marzo 11th, 2026No Comments

Llegar a Boconó es ascender hacia un tiempo detenido. La carretera que serpentea desde Valera atraviesa montañas aterciopeladas y bosques de yagrumos plateados, aislando este valle del bullicio moderno. Este aislamiento geográfico, que se mantuvo casi absoluto hasta 1935 (año en que se construyó la carretera tras la muerte de Gómez), permitió que el «Jardín de Venezuela» conservara una pureza cultural única. Allí, el alma montañesa se volvió más conservadora y recatada, guardando celosamente una herencia donde se entrelazan la fe católica hispana y la magia profunda de las raíces indígenas.

El Reino de los Encantos: Momoyes y Arcos

En la tradición oral boconesa, la naturaleza está viva y poblada de seres prodigiosos. Las lagunas y quebradas son el hogar de los Momoyes (o Mamúes), hombrecitos de barba larga y grandes sombreros que, según la creencia, son «gente sin bautismo» y dueños de las aguas. Estos seres traviesos, que tocan música bajo la lluvia, comparten el imaginario con el temor al Arcoiris. Lejos de ser solo un fenómeno óptico, para el campesino boconés el Arco es una entidad poderosa —a veces descrita como el caballo de los Momoyes— capaz de causar enfermedades en la piel («el miao del arco») o afectar a las mujeres embarazadas, obligando a los pobladores a resguardarse cuando sus colores tocan la tierra.

La Huella Franciscana: Santos de Madera y Fe

Si la magia habita en los ríos, la fe se talla en madera. La evangelización de la zona, liderada por los padres franciscanos, sembró una devoción profunda que floreció en el arte de la imaginería popular. Santos tallados como San Miguel Arcángel (el guerrero que pesa las almas), San Rafael (el médico divino) y San Isidro Labrador (patrono de los agricultores), ocupan un lugar central en los altares domésticos y procesiones. Esta herencia franciscana es también responsable de la inmensa tradición del Pesebre, que en los Andes no es un adorno efímero, sino una obra de arte que se prepara con meses de antelación, tallando figuras en madera de anime y recolectando musgo y estoraque.

Un Calendario de Fiestas y Promesas

El año en Boconó se mide por sus celebraciones. Desde la bendición de los bueyes el día de San Isidro (15 de mayo), pasando por las antiguas carreras de caballos de «Correr San Juan», hasta llegar al ciclo de la Navidad, el más importante de la región. Destaca especialmente la Romería de los Pastores de San Miguel, una compleja ceremonia celebrada en enero donde las «Negreras» y comparsas bajan de los caseríos para adorar al Niño Jesús, culminando con la bajada de los Reyes Magos. Es un sincretismo vivo donde el boconés, como bien señala el artículo, es capaz de rezar un rosario con devoción y, al mismo tiempo, blandir un machete para «cortar» el maleficio de un arcoiris.

Extracto y síntesis de un artículo de la Revista Bigott #19, editado por Fundación Bigott en el año 1991.